✍️ No es la cocina ni el baño: el rincón olvidado que puede bajar el precio de tu hogar
Un detalle olvidado transmite el mensaje equivocado y desploma el precio de tu casa. Descubrí cuál es el error que los compradores no perdonan
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No se trata de perfección, sino de lógica. De adaptar el espacio a la vida real. De hacer que la casa juegue a favor, no en contra. |
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Abrís el placard para buscar algo rápido antes de salir y, en lugar de encontrar orden, te cae encima una pila de ropa mal doblada, perchas torcidas y bolsas que “después veo”. Pasa en casas chicas, en departamentos grandes y también en propiedades impecables que, puertas adentro, esconden cierto descontrol.
Lo curioso es que el placard, ese espacio silencioso y cotidiano, suele ser uno de los puntos que más pesan en la experiencia de habitar una vivienda… y también en cómo se valora. Quien alquila lo sufre. Quien compra lo observa. Quien vende muchas veces no lo registra.
¿Por qué el desorden del placard impacta más de lo que parece en una vivienda?
Hay algo que muchos no advierten: el placard no se mira solo con los ojos, se percibe con el cuerpo. Cuando abrirlo genera estrés, incomodidad o sensación de falta de espacio, algo falla en la experiencia de la vivienda.
En departamentos chicos, el placard cumple una función clave. No es un accesorio: es parte del sistema de guardado de la unidad. Si no funciona, el desorden se desborda al dormitorio, al living, a la rutina diaria.
Además, en visitas inmobiliarias, aunque nadie lo diga en voz alta, el placard se abre. Y ahí se juegan sensaciones: amplitud, cuidado, lógica, mantenimiento. Un placard caótico transmite improvisación. Uno ordenado sugiere una casa vivida con criterio.
Esto es clave. Y pocos lo tienen en cuenta.
¿Cuál es el error más común que hace que el orden dure solo una semana?
El error no es la falta de cajas ni de organizadores. Es pensar el orden como un evento, no como un sistema.
Se ordena “un sábado”. Se dobla todo. Se acomoda. Se cierra la puerta. Y listo. Pero a los diez días, el caos vuelve. ¿Por qué? Porque ese orden no estaba adaptado a la forma real de uso.
Un placard funciona cuando acompaña hábitos. Si te vestís apurado, necesitás accesibilidad. Si rotás ropa por temporada, necesitás sectores claros. Si acumulás “por las dudas”, el sistema colapsa.
El secreto está en diseñar el placard como se piensa una vivienda bien distribuida: zonas claras, recorridos lógicos, espacios con sentido.
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¿Cómo dividir el placard para que realmente sea funcional y no decorativo?
Acá suele estar el problema. Se ordena por categorías lindas, pero poco prácticas. El criterio que mejor funciona no es solo “remeras con remeras”, sino frecuencia de uso.
La regla es simple:
- Lo que usás seguido, a la altura de los ojos y de las manos.
- Lo ocasional, más arriba o más abajo.
- Lo estacional, fuera del circuito diario.
Un placard bien pensado se parece a una buena planta de departamento: circulación fluida, nada obstaculiza, todo tiene su lugar. Cuando eso pasa, el orden deja de ser esfuerzo y se vuelve automático.
¿Por qué menos ropa es, en realidad, más espacio habitable?
En el mercado inmobiliario se habla mucho de metros cuadrados, pero poco de metros útiles. Un placard saturado reduce el espacio percibido, incluso dentro del dormitorio.
Acumular ropa que no se usa es como llenar un living de muebles innecesarios. Ocupa, incomoda y no aporta valor. El descarte no es pérdida: es ganancia de funcionalidad.
Una buena pregunta para hacerse -y que funciona mejor que cualquier método- es: ¿Esto lo volvería a comprar hoy?
Si la respuesta es no, probablemente esté ocupando un lugar que podría servirle a algo más útil.
¿Qué rol juegan los accesorios internos y por qué muchos están mal usados?
Cajoneras, separadores, perchas finas, cajas. Todo eso ayuda, sí. Pero solo si se usa con criterio. El exceso de accesorios puede ser tan problemático como la falta de ellos.
El error típico es comprar organizadores sin medir el placard ni pensar qué se guarda ahí. El resultado: espacios rígidos que no se adaptan y terminan desordenándose.
En viviendas bien resueltas, los interiores de placard suelen ser simples, versátiles y fáciles de reconfigurar. Esa lógica también se puede aplicar en casa, sin reformas ni grandes gastos.
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¿Cómo mantener el orden sin dedicarle tiempo extra todas las semanas?
Este es el punto que más interesa. Porque nadie quiere vivir ordenando.
El secreto está en los microhábitos:
- Colgar la ropa apenas se saca.
- Doblar siempre del mismo modo.
- No “apoyar” cosas sin decidir su lugar.
Parece mínimo. Pero hace la diferencia. Cuando el sistema está claro, el esfuerzo baja. Y cuando baja el esfuerzo, el orden se sostiene.
Esto vale tanto para una casa propia como para un departamento en alquiler. El placard ordenado ahorra tiempo, discusiones y energía mental.
¿Por qué el orden del placard influye incluso en una venta o alquiler?
Quien busca vivienda no solo evalúa precio, ubicación o expensas. Evalúa cómo se imagina viviendo ahí. Y el placard es parte de esa proyección.
Un placard prolijo amplía. Sugiere que entra todo. Que el espacio alcanza. Que la vivienda está cuidada. En un mercado competitivo, esos detalles inclinan decisiones.
No se trata de esconder cosas. Se trata de mostrar funcionalidad. Como una buena tasación, el orden comunica valor sin decirlo.
¿Qué cambia cuando el placard deja de ser un problema diario?
Cambia el ritmo. Cambia la mañana. Cambia la relación con la casa.
Cuando el placard funciona, la vivienda se siente más liviana. Menos ruido visual. Menos fricción. Más comodidad. Es un ajuste pequeño con impacto grande.
Y eso, en un contexto donde el hogar volvió a ser centro de todo, no es menor.
Preguntas Frecuentes
¿Cada cuánto conviene ordenar el placard por completo?
Una o dos veces al año es suficiente si el sistema está bien pensado y se mantienen hábitos simples.
¿Es mejor doblar o colgar la ropa?
Depende del tipo de prenda y del espacio disponible. Lo importante es la coherencia y la facilidad de uso.
¿Los organizadores realmente funcionan?
Sí, pero solo si se adaptan al espacio y a la cantidad real de ropa. El exceso puede jugar en contra.
¿Un placard ordenado influye en una venta inmobiliaria?
Definitivamente. Mejora la percepción del espacio y transmite cuidado general de la vivienda.
¿Cómo ordenar un placard chico sin gastar dinero?
Reduciendo volumen, redefiniendo zonas por uso y manteniendo criterios simples y constantes.
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