¿Por qué algunos arquitectos omiten el piso 13 en los ascensores?

En muchos edificios, el piso 13 no figura en el ascensor. Miedos antiguos, decisiones comerciales… y un número que incomoda más de lo que parece

Por qué algunos arquitectos omiten el piso 13 en los ascensores - facundopolo.com

A veces, lo que no se ve dice más que lo que está a la vista. En miles de edificios, el piso 13 simplemente no aparece. No es un olvido ni un detalle menor: es el reflejo de una superstición antigua que aún hoy sigue influyendo en decisiones concretas de arquitectura y diseño.

En este artículo, exploramos por qué este número desaparece de los ascensores, cómo se vincula con mitos y creencias milenarias, y qué impacto real tiene en la forma en que habitamos los espacios.

El piso que nadie quiere nombrar

Lo viste más de una vez. Entrás al ascensor, contás los botones… y notás que algo falta. Del 12 se salta al 14. El 13, simplemente, no está.

No es un error, ni un capricho. Es una elección que se repite en miles de edificios, acá y en el mundo. ¿Por qué? Porque hay números que pesan. Y el 13, para muchos, sigue cargando con una historia que incomoda.

Algunos lo consideran de mala suerte. Otros, directamente, se niegan a dormir, vivir o trabajar en un piso que lleve ese número. Y aunque no haya una lógica real detrás, el malestar es tan común que muchos arquitectos y desarrolladores prefieren evitarlo. Así de simple.

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Cuando un número incomoda más que una escalera rota

El miedo al número 13 tiene nombre propio: triscaidecafobia. Y aunque suene complicado, se resume en una sensación muy concreta: rechazo.

Hay personas que cambian de hotel si la única habitación disponible está en el piso 13. Inquilinos que evitan alquilar un departamento ahí. Dueños que bajan el precio porque notan que nadie lo quiere.

¿Irracional? Tal vez. ¿Frecuente? Mucho más de lo que se cree.

Por eso, en lugar de lidiar con objeciones o perder ventas, muchos prefieren adelantarse al problema. En vez de nombrarlo 13, lo llaman “12 bis”, “12A” o, directamente, 14. Porque a veces, evitar el conflicto también es parte del diseño.

¿De dónde viene el temor?

El número 13 no siempre tuvo mala prensa. Pero en algún punto de la historia, las coincidencias empezaron a pesar. Y se volvieron relato.

La Última Cena: 13 personas sentadas a la mesa. Judas, el traidor, era el número trece. El desenlace es conocido.
En la mitología nórdica, Loki -el dios del caos y la traición- aparece como el decimotercer invitado en una cena divina. Su llegada arruina la armonía y deja una muerte como saldo.
En textos esotéricos judíos, se menciona la presencia de 13 espíritus malignos. Uno por cada temor.
En el Apocalipsis, el capítulo 13 presenta a la bestia, el anticristo y toda una simbología que no invita a relajarse.
Y en el tarot, la carta número 13 es la de la muerte. Aunque su significado es más simbólico que literal, el impacto visual no ayuda.

Así, con los siglos, el 13 se volvió una especie de señal de advertencia. Una cifra cargada de historia, de asociaciones negativas, y sobre todo, de miedos que se transmiten de generación en generación.


Arquitectura emocional: cuando lo simbólico pesa más que el plano

El piso 13 está ahí. En cada edificio que lo “salta”, ese nivel existe físicamente. Pero en el tablero, no figura. No por error, sino por estrategia.
Porque nadie quiere discutir con un comprador que duda, ni con un huésped que pide que lo cambien de habitación. Es más sencillo evitar el tema. Reordenar los números y listo. Como si nunca hubiese estado ahí.

Algunas desarrolladoras lo usan como espacio técnico, otras lo renombran, y algunas lo borran del mapa. Y aunque a nivel estructural nada cambia, el impacto emocional sí. Porque un número, aunque parezca insignificante, puede alterar decisiones.

Y eso, en el mundo inmobiliario, se traduce en ventas, reservas, contratos y cierres exitosos… o no.

No es solo acá: un fenómeno que cruza fronteras

xxEstados Unidos es un buen ejemplo. Más del 80% de sus edificios de altura evitan el piso 13. En Asia, el número maldito es otro: el 4. ¿Por qué? Porque suena parecido a la palabra “muerte” en algunos idiomas como el mandarín o el japonés.

¿Resultado? También desaparece de los ascensores. Incluso de las matrículas, los números de calle y las habitaciones de hotel.

En Argentina, si bien no es la norma, la tendencia crece. En ciudades como Rosario, Buenos Aires o Córdoba ya es posible encontrar edificios que omiten el 13, especialmente en desarrollos modernos o de alta gama. Es una forma de mostrar que se escucha al cliente… incluso cuando lo que incomoda no se puede ver ni tocar.

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¿Adaptarse a una superstición o tomarla en serio?

Hay quienes creen que ceder ante estas creencias es una exageración. Que estamos reforzando ideas infundadas. Pero la verdad es que, en la práctica, si un número puede complicar una venta, una reserva o una decisión, vale la pena prestarle atención.

Al fin y al cabo, la arquitectura no es solo técnica y estructura. También es percepción, experiencia, sensaciones. No alcanza con diseñar espacios funcionales si quienes los habitan no se sienten cómodos. Y si con un simple cambio en la numeración se puede evitar incomodidades o rechazos, tal vez no sea una concesión… sino una forma más de cuidar a quienes van a vivir allí.




Preguntas frecuentes

¿El piso 13 realmente no existe en algunos edificios?

Existe físicamente, claro. Pero muchas veces se renombra o se saltea en la numeración visible para evitar rechazo de los usuarios.

¿Puede influir en el valor de una propiedad?

Sí. Departamentos ubicados en el piso 13 suelen tener menor demanda, lo que puede bajar su valor o extender su tiempo de venta.

¿Es legal eliminar un número de la numeración?

Sí, siempre que se respeten las normas de habilitación y que el plano esté debidamente registrado. Es una cuestión de presentación, no de estructura.

¿Sucede solo en Argentina?

No. Es una práctica global. En algunos países se evita el 13, en otros el 4, el 17 o incluso el 666, dependiendo del contexto cultural.

¿Qué otros números se suelen evitar?

Además del 13, el 4 (en Asia) y el 666 (en contextos religiosos) son ejemplos frecuentes de cifras “conflictivas” que muchos prefieren no usar.